por Iguana Sell agosto 19, 2026
Del regreso de las cajas pequeñas a los tonos más cálidos del año: descubre cómo cambiarán los relojes que llevaremos este otoño-invierno.
Hay temporadas en las que la relojería cambia de golpe y otras en las que simplemente reajusta sus proporciones. El otoño-invierno de 2026 parece pertenecer al segundo grupo. No veremos desaparecer los grandes relojes deportivos ni las esferas azules de un día para otro, pero sí una forma diferente de entender qué hace interesante a un reloj. Y la mayor sorpresa es que, esta vez, destacar no significa necesariamente ser más grande o más llamativo.
Las novedades presentadas durante 2026 ya nos han dejado varias pistas: tamaños más contenidos, colores profundos, referencias al pasado, acabados cálidos y esferas que invitan a acercarse un poco más. Estas son las tendencias que todo apunta a que veremos en muchas muñecas cuando bajen las temperaturas.

Después de años en los que las cajas de gran diámetro dominaron buena parte del mercado, los relojes de 36, 37, 38 y 39 mm recuperan protagonismo. No se trata simplemente de hacerlos pequeños. Una caja contenida cambia completamente cómo se integra el reloj con la muñeca, el puño de una camisa, un jersey o un abrigo.
Es también una tendencia que rompe poco a poco las fronteras tradicionales entre reloj “de hombre” y “de mujer”. El Citizen Tsuyosa de 37 mm, con su brazalete integrado, o el elegante Venezianico Redentore de 36 mm muestran perfectamente esa búsqueda de proporciones equilibradas. Y si hablamos de diseño atemporal, los 33 mm de algunos Mondaine Doppio recuerdan que un reloj nunca necesitó ser enorme para tener personalidad.

El negro y el azul seguirán siendo imprescindibles, pero este otoño compartirán espacio con una paleta mucho más cálida. Burdeos, rojo oscuro, verde oliva, marrón espresso, beige, champagne y tonos dorados conectan especialmente bien con los tejidos y colores de la temporada.
Lo interesante es que estos colores ya no se reservan para relojes extravagantes. Se aplican a diseños cotidianos y deportivos, aportando personalidad sin restar versatilidad. El Zeppelin LZ 129 Hindenburg de esfera roja es un buen ejemplo de cómo introducir un tono intenso en un reloj de estética clásica, mientras que la variante verde de Indie Watch Trencadís permite jugar con un color profundo que funciona casi como un neutro.

El pasado sigue siendo una de las mejores bibliotecas de diseño de la relojería, pero en 2026 el estilo retro se vuelve más refinado. Ya no se trata de copiar literalmente un reloj antiguo, sino de recuperar sus códigos: cajas moderadas, tipografías clásicas, cristales abombados, índices sencillos y brazaletes con cierto aire setentero.
El Timex Marlin Automatic de 39 mm, con inspiración en los relojes de los años 60, representa muy bien esta idea. Tiene sabor vintage, pero está pensado para una muñeca actual. Esa mezcla entre nostalgia y facilidad de uso será una de las claves del otoño-invierno.

Otra tendencia que gana terreno es entender el reloj como parte del conjunto de accesorios. Acabados dorados, oro rosa, brazaletes más cuidados y superficies pulidas permiten que el reloj dialogue con anillos, pulseras y otras joyas.
No significa regresar necesariamente al reloj dorado clásico. La clave está en utilizar estos tonos con más sutileza. Un Versace Delphinus de 35 mm con acabado PVD oro rosa, por ejemplo, combina una medida discreta con un acabado cálido y elegante. El resultado se siente contemporáneo y encaja especialmente bien con los colores más sobrios del otoño.

Si el tamaño se vuelve más discreto, la esfera hace justo lo contrario: gana protagonismo. Texturas, degradados, materiales poco habituales, piedras decorativas y mecanismos parcialmente visibles están convirtiendo la superficie del reloj en uno de los principales espacios para experimentar.
Aquí encontramos piezas como el Sinn 456 de 28 mm, cuya esfera reproduce madre perla llena de pequeños destellos. En el extremo más mecánico están los relojes skeleton, que dejan parte del movimiento al descubierto y convierten engranajes, puentes y ruedas en elementos del propio diseño. Dos maneras muy diferentes de conseguir lo mismo: hacer que mires la hora… y te quedes observando unos segundos más.

Si juntamos todas estas señales aparece una idea mucho más interesante que cualquier color o diámetro concreto. Los relojes vuelven a sentirse profundamente personales. Hay menos necesidad de seguir una única fórmula y más libertad para elegir una pieza por sus proporciones, su historia, su color o simplemente por cómo nos hace sentir al llevarla.
Este otoño-invierno veremos relojes más pequeños junto a grandes deportivos, diseños inspirados en los años 60 y 70 junto a esferas atrevidas y acabados tradicionales mezclados con materiales inesperados. Porque quizá la tendencia más importante de todas sea precisamente esa: llevar un reloj que diga algo de ti, y no simplemente que diga qué hora es.
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